En
1888 Barcelona tenía 530.000 habitantes y era la segunda ciudad más importante
de España en el plano político (por detrás de la capital Madrid) aunque la
primera a nivel industrial. Se considera que la organización de la Expo fue el
reflejo de la buena relación entre la restaurada monarquía y la burguesía
industrial catalana, que había apoyado el regreso monárquico, en busca de una
paz social que permitiese el desarrollo económico.


